Antonio Moreno Puncel 1940-2015

Para hablaros de Antonio Moreno tendré que abandonar el plural que se le exige a cualquier persona que habla en nombre de una empresa, en este caso Cuarto de Juegos. Durante muchos años de mi vida el nombre de Cuarto de Juegos jamas lo asocié a un negocio, lo asociaba a mi tío. Cuarto de Juegos era la tienda de mi tío. Cuarto de Juegos era mi tío.

Primeros días en la tienda

Transcurría 1994 cuando Antonio, que se había marchado de su anterior trabajo por principios (si mal no recuerdo) decidió poner en marcha un pequeño negocio de juegos de mesa y puzzles. Durante aquella época, salvo Naipe, era raro encontrar una tienda dedicada exclusivamente al mundo de los juegos de mesa en España. Antonio estaba convencido de que funcionaría, de que tenía futuro. Al montar la tienda quiso traer la atmósfera de las antiguas tiendas inglesas de juegos con sus altas librerías de madera. Cada vez que alguien me dice que qué bonita es la tienda pienso en que ese mérito le pertenece exclusivamente a él y a mi tía. Antonio me contaba divertido que su suegro, mi abuelo para entendernos, le preguntaba que ¿Quién se iba a gastar dinero en cosas para jugar?. (Mi abuelo era un tipo muy disciplinado y trabajador pero esa es otra historia que no viene al caso) y luego me describía la cara de asombro que ponía cuando alguien se gastaba unas 10.000 pesetas de la época en un juego raro.

Fotos Antiguas Cuarto de Juegos

Recuerdo haber visitado poco la tienda de pequeño. La tienda olía a madera, a serrín y a cartón. Madera de las imponentes estanterías. Serrín de la fabricación en madera de puzzles. Cartón de las cajas de los juegos. En su mayoría eran de colores oscuros, con letras góticas y suficientemente serias para saber que esos juegos no eran para un niño de trece años. Otra de las pocas veces que fui a la tienda fue para hacer un favor a mis tíos en plena campaña de Navidad. Para envolver paquetes en la trastienda. Con mi nula experiencia en la materia y el caos que se organiza en una tienda tan pequeña los paquetes que envolvía salían fofos y tan churros que daba vergüenza entregárselos a la gente.  Así que me dije a mi mismo que no more, que no valía para esto.

La afición por jugar le vino de tradición familiar y tenía una especial preferencia por los puzzles ya que su padre siempre tenía un puzzle en la mesa, de manera que poco a poco y entre toda la familia lo fueran completando. Los hacía, los deshacía y los volvía a hacer al cabo de un tiempo. Noches enteras colocando piezas. Una afición que conservó toda su vida aunque acabó haciendo los puzzles en el portátil y finalmente en el iPad.

Los primeros años de Cuarto de Juegos no fueron fáciles. Abrir un negocio de estas características en aquella época no era fácil (hoy en día no es que sea mucho más fácil pero la afición ha crecido mucho). Exigía mucho sacrificio y esfuerzo pero a pesar de todos los contratiempos consiguió que Cuarto de Juegos se convirtiese en una referencia en el barrio y con el tiempo en Madrid. Una tienda de toda la vida que me dicen muchas veces. Una vida que son 21 años nada más. Anualmente viajaba a Nuremberg para traer las últimas novedades. Siempre buscando casas de juegos con juegos de calidad y a ser posibles fabricados en madera. Huía de los juegos de plástico y que funcionasen a pilas.

Antonio Moreno

En el año 2002 mi tío me ofreció la posibilidad de trabajar en la tienda.  Tenía 21 años, estaba estudiando en la universidad y buscaba un trabajo que me permitiese financiar los créditos de segunda o tercer matrícula de las asignaturas que había suspendido y que mi madre no se diese cuenta de que no le prestaba la dedicación adecuada a los estudios. Para mi tío era una forma de que ganara dinero pero tenía claro que la prioridad era que acabase la carrera por lo que todos esos años me permitió sacar los apuntes, estudiar o incluso quedarme estudiando en casa. Antonio me enseñó muchas cosas desde cómo envolver (incluso la endemoniada caja hexagonal del antiguo Abalone), hasta atender, cobrar, hacer facturas y muchas más cosas que pertenecen al ámbito de gestionar una tienda pero me enseñó muchas más cosas de esas que no se explican. Me enseñó a ser honesto, a ser riguroso, a ser profesional. Mi tío se convirtió en un amigo, en un compañero, en un padre, en un ejemplo. Se convirtió en un apoyo en los años más difíciles y en una sonrisa en los momentos felices. Mi tío ha vivido mis amores, mis desamores, mis alegrías, mis decepciones, mis éxitos y mis fracasos. Seis años codo con codo sacando Cuarto de Juegos adelante, con miles de anécdotas y recuerdos que se quedan almacenados entre los juegos.

Recuerdo que una vez una señora nos compró un billar por catálogo. Mi tío se lo encargó al fabricante que quedó en llevárselo directamente a la señora al cabo de quince días. A los veinte días nos llamó la señora reclamando que no había recibido el billar. A Antonio le entraron los siete males y llamó al fabricante que le dio largas y le comentó algo como que no había tanta prisa. No recuerdo con exactitud donde estaba la fábrica y donde vivía la señora, si estoy seguro de que ambas estaban muy lejos de Madrid y bastante distanciadas entre sí.  Antonio cogió el coche, se plantó en la fábrica, no se fue hasta que montaron el billar para que a continuación se lo metieran en una furgoneta de la propia empresa de billares y después puso rumbo hacia la casa de la señora donde finalmente consiguió cumplir su palabra y entregárselo. Ese era Antonio. Su compromiso con los clientes era algo personal. Eso también me lo enseñó. Una venta es algo más que te paguen por un   artículo de tu tienda, es un compromiso.

No hay semana que no me pregunten por él. Desde representantes de empresas del sector (a punto de jubilarse) hasta señoras y señores que guardan un grato recuerdo de ese amable señor que les retaba a una partida a un Quarto o a un Quoridor. Los últimos años antes de jubilarse incorporó a un Schnauzer a la tienda al que bautizó como Chess. Muchas veces me los encontraba al llegar de la universidad en la puerta de la tienda. Al verme apagaba el inconfundible purito, dejaba al perro sentarse en la silla del despacho y empezaba a darme tareas con esa inconfundible fórmula de dar ordenes de manera indirecta “hay que limpiar el cristal”, “hay que colocar esto”, “hay que etiquetar”, “hay que, hay que”. Cuando se jubiló pensé en dedicarme profesionalmente a lo mío, pero la oferta que le hicieron por el traspaso de la tienda fue una falta de respeto a tantos años de trabajo así que me decidí a seguir con la tienda y hasta hoy.

Podría hablar durante horas de lo importante que ha sido en mi vida y me quedaría corto. Todas las palabras del mundo son insuficientes para agradecerle todo lo que ha hecho por mi todos estos años y lo maravillosa que fue la complicidad que alcancé a tener con él.

Antonio Moreno Cuarto de Juegos

 

Hoy Cuarto de Juegos se queda huérfano pero continuaremos esforzándonos por preservar su memoria.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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6 Comentarios

  1. Hermosa carta, el recuerdo de las personas que marcan nuestras vidas es algo muy bello y absolutamente necesario.

  2. La próxima vez que visite Madrid me encantará conocer a tu tío a través de su tienda, de vuestra tienda. Bonito panegírico.

  3. Estuvimos hablando hace unos días sobre Antonio y su legado, pero hasta hoy no había dado con esta hermosa historia que acabo de leer. Sinceramente, me ha emocionado… Gracias por compartirla. Sin duda, Cuarto de Juegos sigue en buenas manos. Suerte!!! Un fuerte abrazo.

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