Jugar. Competir. Hacer Trampas.

Hay muchas maneras de enfrentarse a un juego de mesa y dependiendo de las características de estos pueden sacar lo mejor o lo peor de nosotros mismos. De hecho estoy convencido que ultimamente se están elaborando un montón de juegos con fines de desahogar toda la tensión que se acumulan en la vida diaria pero siempre desde una perspectiva jovial claro. Un juego que evidencia está conducta de centrarte en fastidiar a los adversarios son los juegos de la gama Munchkin por ejemplo o el Lobo, cuyas instrucciones ya lo dejan claro “¿Quién nunca ha jugado, no conoce de verdad a sus amigos”. 

Yo creo que un juego en el que no le pongas esa pizca de sal de no querer perder pierde un poco su gracia, pero sin llegar al nivel de hacer trampas claro, o las argucias que comentaba en su monólogo Joaquin Reyes en el juego del Trivial y que todos hemos hecho o presenciado en función de la diferencia que tuvieramos con los rivales. ¡Es fácil ser generoso cuando estas cargado de quesitos! Para evitar esas cosas lo apropiado es definir las reglas que vamos a aplicar al principio de la partida que luego más de uno se pone un poco quisquilloso. 

En mi grupo de amigos somos muy aficionados a jugar al Pictionary, casi siempre jugamos chicas contra chicos, y creo que de veinte partidas o así habremos ganado una, ¡sólo una!, y como es lógico siempre que se propone una partida pues los chicos nos miramos a los ojos y aún sabiendo que vamos a perder lo intentamos de nuevo, como las ovejas que se suben al camión y acaban siendo chuletillas. Es una confesión un poco triste, pero recuerdo con gran alegría haber conseguido ganarlas en aquella ocasión que es lo que le da emoción y gracia al juego. No voy a negar que alguna vez ha habido alguna discrepancia pero como en el fútbol, lo que pasa en el campo se queda en el campo.

Jugar tiene un componente educativo imprescindible, aprendemos a ganar y a perder y ambas cosas son realmente importantes. Como diría el doctor House “todo el mundo miente”, y yo añado que todos los niños hacen trampas. Todos recordamos que de niños jugando a casi todo cometiamos pequeñas trampas, y al menos en mi caso, mis abuelos “se dejaban” engañar y te alimentaban la sensación de que eras el mejor, el más listo y el más guapo. Con los años me encontré en una situación que me hizo reflexionar sobre este asunto. Por aquel entonces jugaba al Ajedrez con un niño de ocho años al que cuidaba y su tolerancia a la derrota era mínima. De hecho intentaba colarme alguna que otra triquiñuela y se cogía buenos berrinches cuando su rey tenía que claudicar. El caso es que el chaval quedó semifinalista en un torneo que celebraron en su colegio y estoy seguro que no habría llegado hasta allí si me hubiera dejado ganar.

Creo que entre las trampas que hemos hecho todos están estas:

– Escoger una pregunta más complicada para hacersela al equipo rival en el Trivial.

– Cambiar los barcos de posición en el Hundir la Flota.

– Escoger alguna letra en el Scrabble o en el Intelect.

– Cambiar alguna pieza de posición en el Ajedrez

– Contarnos de más en el Parchís

– Alterar la cara del dado que te ha salido

¡Animaos y añadid las trampas que soliais hacer o que soleis hacer!

 

http://www.protocolo.org/social/etiqueta_en_el_juego/buenos_modales_en_los_juegos_de_mesa.html

www.cuartodejuegos.es

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2 Comentarios

  1. Bueno, yo aún pienso que en el Intelect poner un maldita S y hacer plurales de palabras con muchos puntos, ¡no vale!
    Y no recuerdo haber hecho trampas nada más que en el Solitario, pero claro, ahí se me ve q me gusta engañarme a mí misma así q ya no sé qué es verdad y q no 😉

  2. me parece que te equivocaste monica porque es internet pensa un poquitooooooooooo se escribe internettttttttttttttt

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